
La Puerta de Toledo está situada en la glorieta del mismo nombre, justo al final de la Gran Vía de San Francisco por la que veníamos paseando.
Sus primitivos proyectos se remontan a la época de la invasión napoleónica, durante la cual, José Bonaparte, ("Pepe Botella" por los lingotazos que se metía entre pecho y espalda), ordenó el diseño de una puerta que adecentara la entrada a Madrid por el antiguo Camino Real de Andalucía. Pero hete aquí, que los franceses tuvieron que salir por pies, siendo expulsado "Pepe Botella", por lo que las nuevas autoridades decidieron encargar un nuevo proyecto al arquitecto Antonio López Aguado, que la proyectó como un arco triunfal al nefasto Fernando VII
"El Deseado", que no merecía más triunfos que los que tuviera jugando al tute.
Se comenzó a construir en 1817, siendo inaugurada en 1827.
Como anécdota, diremos que, debido a la construcción de un paso subterráneo justo debajo de ella, el terreno cedió un tanto, por lo que el arco central, que es de medio punto, quedó un tanto deformado, aunque tal deformación es apenas perceptible. Parece ser que no existe peligro ninguno de derrumbamiento aunque, por si acaso, me abstengo de fotografiarla desde abajo.
Debido a la cercanía de la fecha en la que nuestro gran amigo Ripley ha publicado otra fotografía de la Puerta, para evitar suceptibilidades, he decidido procesar la imagen a blanco y negro, dejando claro que no le persigo ni pretendo emularle en la calidad de sus fotos.
Que os guste la muy castiza Puerta de Toledo.
Nota.- Esta entrada está programada con antelación. Teniendo previsto regresar hoy mismo, no os inquietéis si vuestros comentarios no son visibles en un primer momento. Los publicaré nada más llegar a casa.