Estamos ante uno de los edificios más emblemáticos de Madrid. Todo un clásico.
Fue construído en 1953, siendo sus arquitectos, Joaquín y Julián Otamendi. Es de estilo neobarroco. Tiene 25 plantas y 117 metros de altura. En su momento y por un período muy breve de tiempo, fue el edificio más alto de la ciudad, ocupando hoy el octavo puesto en dicho "ranking". En su interior contaba con un hotel de lujo, (el Plaza), un centro comercial, apartamentos, viviendas y oficinas.
Digo contaba porque, en 2005, los entonces propietarios, (la empresa "Metrovacesa"), lo puso en venta esperando comprador, por la módica cifra de 389 millones de Euros, (que yo hay meses que no los gano).
Y el comprador llegó, siendo adquirido por "Santander Real State". Como podéis ver, en Metrovacesa se pusieron tan contentos, que se lo envolvieron para regalo y todo.
Bueno, digamos la verdad. Está cubierto por encontrarse vacío y en plena fase de reforma, ya que el adquirente se propone construir y vender viviendas de súperlujo en su interior, conservando exclusivamente la fachada y el vestíbulo principal.
Junto con el edificio que será objeto de la próxima entrada, forma uno de los conjuntos arquitectónicos más emblemáticos de Madrid. La Plaza de España sería impensable sin ellos.
Este edificio trae para mi recuerdos de juventud maravillosos. En su última planta, había un restaurante, (creo recordar que se llamaba "La Parrilla del Plaza" o algo parecido), que por las tardes y noches se convertía en discoteca romántica para parejas. Las mesas estaban alineadas junto a unos grandes miradores de cristal desde los que se podía observar todo Madrid de noche, en un ambiente lujoso y escuchando música lenta muy, digamos, "relajante". Las señoritas no se podían resistir a semejantes estímulos y caían rendidas de amor. Vamos que había amor del bueno en el ambiente. Personalmente, en algunas ocasiones gocé yo de ese amor. (¡Ejem, ejem!).
¡Qué tiempos!






